Canta mi alma agradecida, con gran gozo en plenitud, al sentirse redimida, por la sangre de Jesús. En mi alma está esculpida y sellada con virtud una luz que siempre brilla,
y es el nombre de Jesús.
Me dio nueva vida, todo en mí cambió. Y en mí sólo anida su divino amor.
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Como arpegio de una lira o preludio de laúd,
es el alma que se humilla a las plantas de Jesús. Gloria eterna sea rendida, a la misma excelsitud, cante el alma redimida por la sangre de Jesús.