Mi madre oraba por mí cuando yo era un pecador, pues nunca quería escuchar el consejo de su voz; mas ella con fe y amor me hablaba del Salvador. Ella siempre me decía: "Hijo mío, busca a tu Dios".
¡Oh que gozo hay en mi alma porque Cristo me salvó! escuchó las peticiones
de mi madre en oración.
2
Mi madre lloraba por mí porque no quería aceptar, aunque decía que sí, pero no iba al altar;
mas ella rogaba por mí, que no fuera a rechazar, esa voz que me decía: "Ven a mí te haré descansar".
3
Mi madre elevaba su voz hacia el cielo en oración, le presentaba al Señor una humilde petición, que hubiera en mi corazón una real regeneración; esto era lo que ella, demandaba en su petición.
4
Un día por gracia sentí en mi ser una bendición, un grande cambio sentí dentro de mi corazón; hermoso placer para mí fue el ver que la salvación, de Jesús la recibía,