a morir en la cruz, para darme la luz y también salvación;
vertiste tu sangre inmaculada, con la cual mi maldad, al morir tú en la cruz, la borraste Jesús.
Hoy te alabo Señor,
con todo mi corazón. Porque, porque tú eres mi Dios porque tú eres mi Dios
y mi buen Salvador
que moriste por mí.
2
Tú eres el que diste a mi vida, esa paz sin igual, que no pude encontrar en el mundo falaz; ahora mi alma alegre te canta, disfrutando el amor, que en la cruz del dolor demostraste Señor.