Cuando llegue el final de esta vida fugaz, yo diré que Jesús en mi alma triunfó. Qué gozoso estaré en aquel resplandor, los que Cristo compró ahí se reunirán.
Ante el trono de Dios, ahí se reunirán todos los redimidos, y a una voz cantarán.
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El Cordero de Dios nuestro todo será, en su real esplendor el nos alumbrará.
La gran Jerusalén,
la ciudad celestial, desde el cielo de Dios se verá descender. Arnulfo Velázquez