Día tan grande no puedo olvidar, día de gloria sin par; cuando en tinieblas al verme andar, vino a salvarme el Señor; gran compasión tuvo Cristo de mí, de gozo y paz me llenó; quitó las sombras, ¡oh! gloria
a su nombre, la noche en día cambió.
Dios descendió
y de gloria me llenó, cuando Jesús
por gracia me salvó; fui ciego, me hizo ver, y en él renacer; Dios descendió
y de gloria me llenó.
2
Nací de nuevo en virtud de Jesús a la familia de Dios, justificado por Cristo el Señor gozo la gran redención; bendito sea mi Padre y Dios, que cuando vine con fe
fui adoptado por Cristo el Amado; loores por siempre daré.
3
Tengo esperanza de gloria eternal, me regocijo en Jesús;
me ha preparado un bello lugar en la mansión celestial; siempre recuerdo con fe y gratitud al contemplarle en la cruz, que sus heridas me dieron la vida. Alabo al bendito Jesús.