aquel Cordero Santo que mi alma ya salvó, y todos mis pecados con su sangre ya lavó;
del rojo como grana, al blanco de la lana, así los convirtió mi buen Jesús.
2
Hoy canto para Cristo
mi bendito Salvador,
sus grandes maravillas
yo las canto con fervor; escucha mis clamores
en grande tribulación,
el Príncipe del cielo que mis culpas ya borró; él es mi fortaleza, mi refugio, mi perdón. Traspásense los montes, remuévase la tierra,
mas yo no temeré, él es mi Dios.
3
Los sabios y la ciencia temporales sólo son,
y al mundo le parece
ser la fuente de salud; riquezas mundanales que atesoran 'con amor, los ricos avarientos que creen que es su salvación; son necios e insensatos que van a la perdición, ni ciencia ni riquezas les brindan la promesa,