aquel Cordero Santo que mi alma ya salvó, y todos mis pecados con su sangre ya lavó;
del rojo como grana, al blanco de la lana, así los convirtió mi buen Jesús.
2
Hoy canto para Cristo
mi bendito Salvador,
sus grandes maravillas
yo las canto con fervor; escucha mis clamores
en grande tribulación,
el Príncipe del cielo que mis culpas ya borró; él es mi fortaleza, mi refugio, mi perdón. Traspásense los montes, remuévase la tierra,
mas yo no temeré, él es mi Dios.
3
Los sabios y la ciencia temporales sólo son,
y al mundo le parece
ser la fuente de salud; riquezas mundanales que atesoran 'con amor, los ricos avarientos que creen que es su salvación; son necios e insensatos que van a la perdición, ni ciencia ni riquezas les brindan la promesa,
del reino de los cielos alcanzar.
4
Por eso yo le canto
a Jesucristo mi Señor,
al dueño de los cielos
que un hogar ya preparó,
la tierra prometida,
la nueva Jerusalén, donde al agua de vida
por doquier ha de correr, para que con él viva
por toda la eternidad, alabando al Cordero,
que me enseñó el sendero
el cual me llevará a su mansión. Hermanos López
Acerca de este himno
Categoría: Confianza en Dios, parte del cancionero usado en los servicios de la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús.