lugar de millares de encantos, bella ciudad sin comparación,
tu gloria me fascinó, mas en tu afán de prosperidad, tu vil corazón, de mí, tu Dios, se olvidó.
Oh Jerusalén, oh Jerusalén anduve entre ti cual antorcha revela tu luz,
mas tu corazón por su rebelión no quiso aceptar mi amor, por no ver mi faz delante de ti al fin me clavaste en la cruz, Jerusalén, oh Jerusalén,
yo tu creador soy Jesús.
2
En tu camino fui yo tu amor, mi sombra fue tu centinela; cántico de sublime quietud, fue mi palabra en tu ser, como el sol en su resplandor fui yo tu clamor,
mi honra fue tu deber.
3
Cuando clamabas de corazón tu llanto golpeaba mi alma
y en los momentos de humillación manifesté mi bondad; cuando en tus días de mocedad llenos de placer