yo andaba perdida cuando él me encontró; con un silbo suave
luego me llamó, y en sus brazos al dulce hogar me llevó.
2
Las noventa y nueve dejó en el redil, y se fue al desierto a buscarme a mí; con afán inmenso luego me llamó, y hallóme gimiendo de acervo dolor, se acercó a mi lado y al verme lloró.
3
"Ven mi triste oveja, escucha mi voz; no me desconozcas,
soy el buen Pastor;
vamos al rebaño do mora la paz, allí donde mora tu Rey celestial.
4
Si por la fatiga no puedes andar, ven, entre mis brazos
te puedo llevar.
Ven mi triste oveja, vamos al redil que muy tiernos pastos
tengo para ti;
conmigo por siempre tú irás a vivir". Y ya desde entonces yo vivo feliz.