¡Madre! palabra de miel, ¡madre! venturosa estrella, blanca paloma sin hiel,
no hay imagen como ella, no hay un nombre como él. A tu santo amor me ciño
y a tu purísimo nombre; fuente de inmenso cariño, primer acento del niño y última
frase del hombre
(se repite la primera parte)
2
Mi acento quiero elevar,
a esa madre pura y santa, que vida me supo dar.
El que a una madre no canta ¿qué amores sabrá cantar? cantar a tu nombre es mi anhelo, y sin alas tiendo el vuelo, porque al decir: ¡Madre mía! desciende la poesía,