Me miro despreciado, me miro desechado por tu nombre Jesús, Todo lo que se mira
se que son vanidades por eso Dios del Cielo no vuelvo a hacer el mal, y cuando sea probado por muchas tentaciones, la sangre de mi Cristo, aclamaré a una voz;
y desde el cielo un ángel descenderá a ayudarme, Cristo es el que en mí obra, a hacer su voluntad.
2
Yo sé que es muy posible, que de un momento a otro Cristo aparecerá.
Y su poder y gloria veremos en la altura; veremos la hermosura
de nuestro Salvador;
yo seré transformado
como a su semejanza,
y una alabanza elevaré a mi Dios; con gozo y alegría recibiré mi triunfo,
mi corona infalible
que Cristo me dará.
3
Después de tanto tiempo, de haber luchado mucho por serte fiel, Señor. Yo sé que no es en vano todo lo que he sufrido, y cuando haya cumplido mi premio me darás. En este mundo impío, lleno de falsedades, Jesús, guárdame siempre en tu divino amor,
no dejes que el maligno vaya a ganar mi alma, reprende al enemigo, en tu nombre Señor.