Señor, hoy vengo a ti, después que te ofendí, arrepentido; antes no comprendí lo necio que yo fui, porque era ciego, el mundo me arrastró por sendas de error y de pecado,
más tarde comprendí mi triste situación y hoy te he aceptado.
2
Yo siento tu perdón
aquí en mi corazón,
dicha indecible; y vibra sin cesar el eco de tu voz dentro de mi alma, nueva criatura soy,
mi vida yo te doy, hasta la muerte, contigo viviré y no descansaré, hasta no verte.
3
Hoy puedo sonreír, llorar de gratitud y de alegría, y brota de mi ser
un canto de loor y armonía, disfruto de esa paz que al fin pude encontrar,
no siendo digno, me gozo al saber que yo sin merecer, te he encontrado.