eran cien ovejas que amante cuidó; pero en una tarde al contarlas todas, le faltaba una,
le faltaba una, y triste lloró.
Las noventa y nueve
dejó en el aprisco,
y por la montaña a buscarla fue, la encontró gimiendo, temblando de frío,
ungió sus heridas,
ungió sus heridas,
y al redil volvió.
2
Esta misma historia vuelve a repetirse, todavía hay ovejas que errabundas van vagando en el mundo sin Dios, sin consuelo; sin Dios, sin consuelo, sin Dios, sin consuelo y sin su perdón.
3
Tú eres esa oveja que sin darte cuenta, vas por este mundo sin Dios y sin fe. Tu Pastor amante, llamando te espera; sufrió sus heridas, sufrió sus heridas, por salvarte a ti.