y mi dulce amor, es mi consuelo que me asiste aquí;
no siento pena,
no siento dolor,
y mi plegaria te dirijo a ti. Paz y confianza te debo pedir, que por tu gracia podré recibir; la tierna voz escucho aquí
y allá contigo iré a vivir.
2
Vivir con Cristo, ¡qué dicha será! en la mansión que él fue a preparar; promesas fieles
que no han de faltar,
a los que en Cristo
hemos confiado ya. Dichoso el hombre
que confía en él,
ninguna lucha lo podrá vencer, es nuestro amparo, es el sostén,
a todo aquel que le sea fiel.
3 Esplendorosa la marcha será, a la mansión
que preparada está; innumerables fieles irán, cantando en coro,
hasta llegar allá. Aunque la lucha penosa será, siempre consuelo podremos hallar; Cristo Jesús, él nos guiará, y allá con él iremos a estar.
4
Siempre cantándole al Señor Jesús, con alegría y en plena paz; llenos de gozo y su bella luz, porque veremos su radiante faz. Si somos fieles a nuestro Señor, y no faltamos a nuestro deber, unidos todos en comunión,