al hallarme en la casa de Dios, y decir con todo entendimiento, cómo Cristo a mí me salvó; pero sé que si yo con palabras, no expresare de mi gratitud, sé muy bien que él conoce mi alma y mi ser,
y también mi corazón.
Una alabanza más a mi Señor, por sus bondades,
y su gran amor,
un canto más a mi Redentor, digno es de todo,
mi Salvador.
2
Yo vagué mucho
tiempo en el mundo,
sin ninguna esperanza y sin Dios, cometí mil errores y anduve ignorando, ofendí al Señor; más ahora que ya su palabra me ha limpiado de toda maldad, y dirige mis pasos
por senda de paz,
oh que gran felicidad.
3
Y por eso humilde le canto, demostrando que él vive en mí, y me guía su Espíritu Santo, por doquiera yo le he de seguir; grandes cosas
él ha hecho conmigo,
aún indigno y vil como soy, ha extendido su mano piadosa de amor,